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Los/as jóvenes con discapacidad tienen, como todos los demás, necesidades afectivas y sexuales que no se pueden ignorar.

Un/a joven puede tener una discapacidad por diferentes causas: desde el nacimiento (ejemplo: Síndrome de Down), producto de una enfermedad crónica, por la consecuencia de un accidente o de una enfermedad adquirida durante la vida.

Los grados de discapacidad van a variar dependiendo de la forma y el modo en que comprometan el cuerpo, la mente y la vida en general del/de la joven: si es permanente, si aumenta con el tiempo, si produce dolor, si provoca algún defecto físico notorio o una dependencia mayor de la familia.

Las personas pueden tener distintas reacciones cuando tienen alguna discapacidad, por ejemplo, sentimientos de aislamiento, baja autoestima, falta de ánimo, mal humor, rebeldía, manipulación, rechazo al tratamiento, una actitud sumisa o excesiva dependencia de su familia. Sin embargo, los/as jóvenes discapacitados tienen aspiraciones personales, sociales y sexuales, de la misma manera como pueden tenerla otros jóvenes considerados sanos/as. Generalmente, ni la familia ni la sociedad está preparada para hablar de este tema, y se tiende a pensar que la discapacidad anula la vida sexual del/la joven. Esto dificulta que la persona afectada reciba orientación y apoyo, junto a su familia.

A su vez, existe mayor riesgo de sufrir abuso sexual o violencia intrafamiliar, de adquirir una infección de transmisión sexual y/o de tener un embarazo no planificado. Esto debido a que el desarrollo sexual puede estar retrasado o disminuido, y las habilidades de comunicación menos desarrolladas, lo que hace que muchas veces se tenga sexo sin usar protección. La familia puede sobreproteger tanto a la persona que la hace mantener una actitud de permanente dependencia.

Para la persona discapacitada es fundamental:

  • Aceptar su enfermedad
  • Lograr el mayor grado de integración en la sociedad
  • Ser lo más independiente posible (autonomía)
  • Entender que la sexualidad no se gana ni se pierde con la enfermedad o la discapacidad
  • No creer que el coito es lo más importante o la única manera como se puede vivir la sexualidad
  • Consultar con profesionales de salud al respecto de su condición especial para vivir la sexualidad

Lo ideal es que la familia aborde el tema desde pequeños/as, que no ignore o castigue la expresión de la sexualidad, que sea capaz de poner límites y reglas, que esté alerta frente al abuso sexual, que no desprecie o compadezca a la persona con discapacidad, y que le permita desarrollarse de la mejor manera posible.