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Las personas se desarrollan a partir de lo que son al nacer y en relación con factores del ambiente formado por la familia, la escuela, los amigos/as, los medios de comunicación y la sociedad en general. En la adolescencia, los amigos y las amigas tienen gran importancia mientras que se desea más independencia de la familia. Muchas veces hay sentido de justicia y se expresan ideales y conductas que muestran compromiso con el bienestar de otras personas.

El desarrollo social no es lo mismo en hombres y mujeres porque hay diferencias biológicas y porque la crianza suele ser distinta, como se explicará a continuación. También es diferente según las oportunidades que las personas tienen, y que pueden ser distintas, por ejemplo, si se es el mayor o menor en una familia, si se vive en una ciudad o en el campo, si se pertenece a una familia con más o con menos medios económicos, o si se pertenece a un cierto grupo étnico o cultural.

En la infancia el desarrollo social se vive en gran parte a través de las madres y padres, en un ambiente idealmente seguro, donde se cumplen órdenes y normas y se es dependiente del grupo familiar. Pero durante la adolescencia existe una revisión crítica de los valores aprendidos en la familia o la escuela, por lo que a veces esto produce rechazo y distanciamiento. En esta etapa el grupo de amigos y amigas es muy importante, aparece la necesidad del amigo íntimo/a, casi siempre del mismo sexo, un par que se transforma en la única persona que para el o la joven es capaz de entenderlo/a y de escucharlo/a. Mientras se va madurando existe la inquietud de participar en grupos de pares con similares deseos, ya sea de tipo religioso, ecológico o deportivo. Sin embargo, tanto la familia como el grupo de pares son fundamentales para el desarrollo de las y los jóvenes y no debería existir competencia entre ellos.

El desarrollo social durante la adolescencia significa pasar de un estado de total dependencia socioeconómica hacia una relativa independencia. En las distintas culturas en las que se vive esta etapa es muy variable y se ha ido extendiendo paulatinamente, en la medida que las personas se mantienen estudiando, pues se sigue dependiendo de los padres y madres. Es decir, que se madura más rápido en lo biológico y más lentamente en lo social.

¿Cómo se aprende a ser mujer y a ser hombre?

Se nace hombre o mujer, es decir, con un sexo determinado que se desarrolla para que pueda realizar ciertas tareas biológicas que son distintas para los hombres y las mujeres en lo que se refiere a la reproducción. Pero también nos desarrollamos como personas con identidad sexual recibiendo las indicaciones del mundo que nos rodea sobre como “son o deben ser” los hombres y las mujeres, como deben comportarse, relacionarse entre sí o enfrentar la vida.

La identidad sexual se refiere a como las personas se perciben y se identifican como seres sexuales, ya sea como hombre, como mujer o una mezcla de ambos. La identidad sexual se inicia desde la concepción cuando se define el sexo biológico masculino o femenino. Durante el embarazo, las madres y padres se preguntan de que sexo será su futuro hijo/a y comienzan a elaborar un ideal o imaginario de cómo será su físico, su carácter y su personalidad, e inclusive que profesión o trabajo desempeñara.

Después del nacimiento, la identidad sexual se va construyendo y modelando, dependiendo de múltiples factores, como la relación con la madre, el padre y/o ambos, la familia, la escuela, los/as amigos/as, los medios de comunicación y el ambiente social y cultural en el que se vive. Todos estos factores influyen en como se va aprendiendo a ser mujer y hombre, ya que las niñas y los niños reciben diferentes mensajes que les transmiten lo que es femenino y lo masculino. Esto no tiene necesariamente que ver con las funciones biológicas, sino con las ideas y valores de nuestra cultura.

Identidad sexual

La identidad sexual incluye la manera como la persona se identifica como hombre o mujer, o como una combinación de ambos, y la orientación sexual de la persona. Es el marco de referencia interno que se forma con el correr de los años, que permite a un individuo formular un concepto de sí mismo sobre la base de su sexo, género y orientación sexual y desenvolverse socialmente conforme a la percepción que tiene de sus capacidades sexuales.

Organización Panamericana de la Salud, 2002

Roles de género

Los tareas que la sociedad le entrega a hombres y mujeres no están definidas sólo por las funciones biológicas, sino que están marcadas por lo que llamamos género. El concepto de género es una construcción sociocultural que determina cómo se deben comportar, o qué deben hacer mujeres y hombres. Es decir, qué se debe hacer o no, cómo se debe sentir y pensar. Muchas de las veces se acepta como natural que la mujer y el hombre sean así. Es importante saber que lo que se considera femenino y masculino es diferente en distintas épocas de la historia.

En general se prepara a las mujeres jóvenes más en sus tareas para la familia y la casa y se prepara más a los hombres para enfrentar el mundo externo. A las niñas se las educa para que sean más dependientes y se les permite expresar sus emociones. Muchas veces se niegan las capacidades de las mujeres para educarse, trabajar fuera de la casa y actuar en el mundo externo o desarrollar tareas de liderazgo. Por otra parte, se desconocen las necesidades de los hombres en el mundo afectivo, la posibilidad de expresar emociones como miedo y pena (“llorar es de niñitas”) y no se los prepara para ayudar en las tareas de la casa. Además, a los hombres se les estimula a ser más independientes y competitivos, lo que puede llevarlos a conductas más peligrosas o violentas.

Un ejemplo de los roles de genero es la responsabilidad que se atribuye a las y los jóvenes en prevenir un embarazo. Se supone que las jóvenes deben ser las responsables de cuidarse para evitar el embarazo y también de cuidar a su hijo o hija si es que se embarazan. En cambio, en general, no se hace responsables a los adolescentes hombres de prevenir el embarazo ni de participar en el cuidado de los niños. Además, la deserción escolar producto de un embarazo es un problema que enfrentan mucho más las mujeres que los hombres.

Las diferencias de género producen muchas desigualdades entre las mujeres y los hombres, por ejemplo en el trabajo, porque se sabe que las mujeres ganan menos dinero en los mismos trabajos que los hombres. Ver estas desigualdades permite criticarlas para poder cambiarlas y hacer un mundo más justo para hombres y mujeres, en que todas y todos sean tratados como iguales. Sin embargo, hoy han cambiado algunas cosas como por ejemplo, los hombres cambian pañales, las mujeres ocupan puestos de decisión, etc.

La ética y los valores

Durante la adolescencia vamos aprendiendo a reconocer lo que nos parece bueno y malo para nosotros mismos y para los demás y lo que nos parece valioso para la sociedad en que vivimos. La capacidad de razonar y de exigir razones y explicaciones frente a cada norma permite enjuiciar la postura de los adultos/as de manera crítica. Esto permite además desarrollar el pensamiento moral, en el que la persona es capaz de ponerse en el lugar del otro/a y hacer una evaluación de las acciones que realiza. En esta etapa vamos formando códigos de conducta de acuerdo a esto y tomando responsabilidades hacia los que nos rodean y hacia la sociedad.

Los valores cambian de una cultura a otra y cada persona los vive de manera diferente. En una sociedad sana y pluralista, se respetan los valores de todas las personas. Hay algunos valores que son universales, es decir, son respetados en principio en la mayoría de las culturas.

La ética nos habla de algunos principios básicos:

  • beneficencia, es decir, hacer el bien a nosotros mismos y a otros.
  • no-maleficencia, que significa no hacer voluntariamente daño a nosotros y a otros.
  • equidad y justicia, de modo que todas las personas sean tratadas de modo semejante, tengan las mismas oportunidades y reciban lo que es justo.
  • respeto por las personas y su autonomía, es decir, que cada uno sea tratado bien y que se respete su dignidad como ser humano y su libertad para decidir sobre sus valores y su vida.

También podemos pensar en los valores desde la perspectiva de los derechos humanos establecidos por la Convención de las Naciones Unidas de 1968. Estos derechos comprometen a los Estados que deben respetarlos y promoverlos para que la sociedad los respete también. Como personas, todos somos parte de la sociedad por lo que nos toca respetar los derechos de las otras personas y podemos exigir de los demás que se respeten los nuestros. Entre estos derechos están:

  • Derecho a la vida
  • Derecho a la libertad individual
  • Derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión
  • Derecho a la equidad y a la dignidad
  • Derecho a la información y educación
  • Derecho a la privacidad y confidencialidad
  • Derecho a vivir libre de maltrato o tortura
  • Derecho a formar una familia, tener hijos o no hacerlo
  • Derecho al cuidado de la salud
  • Derecho a los beneficios del progreso científico
Un problema importante de la sociedad chilena es que no se considera a los y las adolescentes como sujetos de estos derechos y se los sigue tratando como niños o niñas con poca autonomía.